Por lo menos esa creo, es la principal característica de la amistad. O tal vez no la principal ni mas distintiva pero sí, la mas importante, la mas imprescindible. Es que perdonar es ya un atributo fundamental que debería tener toda persona que se jacte de conducirse por la vida con estándares mínimos de ética. Pero en el terreno de la amistad señores, el saber perdonar es requisito sin ecuanón.
No voy a comenzar a citar definiciones enciclopédicas ni enumerar frases sobre el perdón. Primero por que no es esto un ensayo o una monografía, ni tengo la menor intención de aburrir, al cada vez mas desconfiado, lector. En segundo lugar porque tampoco se trata de buscar una formalización de algo que a priori es un sentimiento. Alguna vez leí por ahí que se debe perdonar a pesar de tener razón y mil justificaciones para no hacerlo.
Bueno, sin intenciones de sonar modesto, puedo decir con orgullo que siempre he sabido perdonar. Así que los que me conocen no deberían extrañarse que haya perdonado a Ignacio. Y mis disculpas no son privadas ni secretas. No me guardo el sentimiento para mí; eso sería en mi opinión, una actitud egoísta. Por el contrario, la expreso sin tapujos y esperando que sea escuchado por la mayor cantidad de gente. O, por lo menos, por mis amigos y los de Sebas. Si, se que lo, otro seguramente no lo perdonaría…pero me veo imposibilitado de tirar a la basura toda una vida de amistad. ¡Si hay innumerables anécdotas y experiencias en común! Algunas alegres y otras tristes. Y mis disculpas son también necesarias en pos de la unión de todo el grupo de amigos. Por que sino, en cada futura reunión surgiría el dilema de a cual de ellos invitar. O, en caso de estar los dos presentes, el clima de tensión arruinaría la ocasión. Mientras escribo estas palabras me convenzo que mis disculpas son directamente una obligación. No puedo darme el lujo de seguir a mis emociones en caliente y darle pie al enojo. Yo he perdonado.
Es que seguramente Nacho estará arrepentido. Salvo que su enfado siga encendido, cosa que dudo seriamente, ya que creo no equivocarme al afirmar que se descargó muy bien. El primer golpe, si bien fuerte, no impactó mi rostro con el puño totalmente cerrado (Seguramente no lo tenia premeditado sino que fue un impulso explosivo, valga la redundancia). Por lo que el dolor provocado podría catalogarse como minúsculo. Ya para el segundo golpe, el puño estaba bien cerrado. Además al momento del impacto mantuvo la muñeca totalmente recta formando con el antebrazo un solo segmento rígido. Ahí sí, terminé en el piso, totalmente mareado. Yo por no llevar a mayores la situación me quedé tirado, expectante. De iniciar una pelea ahí si que la amistad iba a ser complicada de remontar. O quizás no respondí por que en mi lugar de amigo, quise ponerme en su cabeza y entender que era solo un ataque que le había agarrado. Por que a cualquiera le puede pasar, ¿quién no tuvo alguna vez una situación que rebasó sus límites, provocando una erupción de ira, seguida por un sentimiento de arrepentimiento, ya tardío? O quizás es que no tuve las agallas para levantarme y pelear.
Como sea, lo recuerdo muy bien. Mientras yo seguía en el piso, lo vi mirarme, primero con bronca, para luego ver una mezcla de tristeza. Y ahí supe que se había dado cuenta de lo que había hecho. Se que pasaron por su cabeza todos los recuerdos de nuestra infancia, de nuestra amistad. Si bien no dijo nada, se que lo pensó. Hizo un movimiento raro con su boca como para decir algo. Yo esperaba un “perdoná…se me cruzaron los cables…”. Pero en realidad no era que iba a decir algo. Antes de darse vuelta para irse para su casa, me lanzó sin ningún estupor uno de los mejores escupitajos que haya visto. Éste impactó de lleno en mi sorprendido rostro.
Pero insisto señores, ahora ya en frío, que en nombre de la amistad lo perdono, y espero de su parte idéntica acción. Espero con ansias el reencuentro con un abrazo y el borrón y cuenta nueva.
Ojo, yo se que me equivoqué. ¡Pero que el esté libre de pecado que arroje la primera piedra! No voy tampoco a justificarme por mis actos, por que comprendo claramente que no hay excusas válidas para mis acciones. Ahora bien, por más grave que pueda considerarse mi error, no me parece ningún delirio esperar un perdón. Si, se que no debí acostarme con su mujer el fin de semana que Nacho estuvo internado luego de la operación. Seguramente el hecho de que yo fuera el testigo de su casamiento es un hecho agravante, pero debería disminuir la pena mi sincero arrepentimiento. En mi defensa, no fue buscada esa noche de pasión; surgió principalmente por que yo me sentía particularmente mal por mi reciente bochazo en la facultad y por parte de ella, había tomado un poco de más. Para lo que seguramente no tenga excusas válidas es para los 6 siguientes encuentros, con Nacho ya recuperado de la intervención quirúrgica. Y en cuanto a las fotos que andan circulando por Internet sobre el tercero de esos encuentros, ya hice múltiples esfuerzos por intentar explicar que mi intención fue enviarlas por mail a mi casilla de correo de yahoo, y por error fue enviado a toda mi lista de contactos.
Aporte de nuestro querido Nollo
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