Tuesday, July 17, 2012

¡Estás en grave peligro! En cualquier momento puedes encontrar a DIOS


Estuve buscando a Dios durante miles de vidas. Lo ví... a veces muy lejos... Me apuré... cuando pude haber llegado allí, él se había ido más lejos. Esto siguió y siguió. Pero finalmente llegué a una puerta, y en la puerta había un cartel: `Esta es la casa donde vive Dios`

Por primera vez me preocupé. Me inquieté mucho. Temblando, subí las escaleras. Estaba a punto de golpear la puerta, y súbitamente, en un instante, ví...

Si golpeo la puerta y Dios abre, ¿luego qué? Luego, todo ha terminado: mis viajes, mis peregrinajes, mis grandes aventuras, mi filosofía, mi poesía, todo el anhelo de mi corazón. Todo habrá terminado. ¡Sería un suicidio!
Me quité los zapatos de los pies... porque al bajar las escaleras podría hacer algún ruido... Y desde el momento en que llegué al pie de las escaleras, corrí. Y no he mirado hacia atrás desde entonces. He estado corriendo y corriendo durante miles de años.

Todavía estoy buscando a Dios, aunque sé ahora dónde vive. De modo que todo lo que debo hacer es evitar el lugar, y puedo seguir buscándolo en cualquier otra parte. Pero debo evitar esa casa... esa casa me obsesiona. La recuerdo perfectamente. Si por casualidad entro accidentalmente en esa casa, entonces todo habrá terminado.



Thursday, June 21, 2012

El Último Vagón



Este viernes que pasó viajé hasta capital por que tenía que entregar un pedido de ahumados en San Telmo, fui en bici como siempre lo hago, para no hacer tanta fuerza y tardar un poco menos.
Una vez que llegado a la estación de La Plata subí con mi bici en el último vagón donde se cargan las bicis, donde viajan  los pibes y donde viaja el frio de este invierno platense que este viernes nos castigo como nunca.
Ya arriba apoye mi bici sobre el vagón, frote mis manos un poco para calentarlas, barrí un poco con los pies el piso y me senté. Las risas ya sonaban sobre el vagón, envuelto en humo, mientras la gente arrugaba la cara al subir, por otra puerta por supuesto, claro los pibes no tienen las prendas de ellos, ¡si tienen la sonrisa que ellos no!. Sin embargo la gente desconfía, prejuzga y los evita, se me ocurre pensar que es por lo que ven todos los días en los diarios, en la televisión, donde cada vez tienen más lugar los que menos nos enseñan. En esta televisión llena de hipócritas y personajes cada vez más incapaces de mostrarnos lo que realmente sucede en la calle. Algunos directamente los ignoran, por que así los educaron sus padres, y otros si comparten con ellos el viaje. Como los que vuelven todos los días de laburar en sus obras y cargan la bici en el tren al igual que yo, pero con más frecuencia. Estos también, los que laburan para llevar el pan a su casa, colaboran con el humo y con las risas por supuesto.
Mientras continuaba el viaje, se acercan el guarda del tren y un policía que venia, retaba a los pibes por que estaban fumando marihuana y los amenazaba con parar en don Bosco y meterlos presos a todos. Cuando se iban alcanzo a escuchar una señora con las cejas fruncidas, que dice…. “estos negros que fuman porro y no hacen nada”. Una vez retirados los “vigi”, como le dicen los pibes, la mecha volvió a encenderse, pero entonces el humo salía por las puertas, que están siempre abiertas para ayudar a alguno que quiera cargar su bici en la próxima estación.
El viaje continuaba tranquilo, solo pispiaban a ver si venia el guarda y los sorprendía. Hasta que escuchamos gritos de una pasajera aludiendo que la habían robado, el guarda corrió hasta el ultimo vagón donde están los frenos y los clavó, mientras el ladrón se escapó corriendo, el guarda miró por la puerta entre vagón y vagón, la chica bajó llorando desconsolada por que le habían arrebatado la cartera, el policía intentó correrlo pero su físico no se lo permitió, mientras otro policía que viajaba en el tren trataba de consolar a la chica. Los pibes, que venían re locos, bajaron de un salto y salieron en busca del punga. Pasaron unos minutos, la chica no paraba de llorar y perdía las esperanzas de volver a recuperar sus cosas, cuando de lejos se vieron los pibes que volvían gritando y festejando. Se acercaron al tren y le devolvieron la cartera a la chica que les dio la mano para agradecerles, los pibes inflaban su pecho mientras todos los pasajeros, incluido yo, estábamos mirando atentos por las ventanas. Los pibes comienzan a gritar… ¿y cobani? ¡Que decís ahora la puta que te pario! ¿No era que los pibes fuman nomás, cobani? ¡Tuvimos que hacer tu laburo cobani! ¿Y ahora que dicen? ¡La concha bien de su madre! Los pibes volvieron a subir al último vagón y recibieron su aplauso. No llegue a ver la paliza que recibió el chorro, ni si la señora de cejas fruncidas aplaudió, pero les aseguro que todo el tren si lo hizo, claro menos el guarda y los policías.
Ese viernes, los que viajábamos en ese tren aprendimos muchas cosas que seguro no nos van a mostrar por América TV hoy por la noche. Tampoco creo que haya salido en algún diario o que sea tema de debate sobre la despenalización de la marihuana en esos programas “serios” donde se sientan tipos que jamás subieron a un tren, o que quizás subieron alguna vez, pero lejos del último vagón que para mí, ese día, debió ser el primero. 
        

Aporte de Nicolás Espinel
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Wednesday, October 7, 2009

Perdonar

Por lo menos esa creo, es la principal característica de la amistad. O tal vez no la principal ni mas distintiva pero sí, la mas importante, la mas imprescindible. Es que perdonar es ya un atributo fundamental que debería tener toda persona que se jacte de conducirse por la vida con estándares mínimos de ética. Pero en el terreno de la amistad señores, el saber perdonar es requisito sin ecuanón.
No voy a comenzar a citar definiciones enciclopédicas ni enumerar frases sobre el perdón. Primero por que no es esto un ensayo o una monografía, ni tengo la menor intención de aburrir, al cada vez mas desconfiado, lector. En segundo lugar porque tampoco se trata de buscar una formalización de algo que a priori es un sentimiento. Alguna vez leí por ahí que se debe perdonar a pesar de tener razón y mil justificaciones para no hacerlo.
Bueno, sin intenciones de sonar modesto, puedo decir con orgullo que siempre he sabido perdonar. Así que los que me conocen no deberían extrañarse que haya perdonado a Ignacio. Y mis disculpas no son privadas ni secretas. No me guardo el sentimiento para mí; eso sería en mi opinión, una actitud egoísta. Por el contrario, la expreso sin tapujos y esperando que sea escuchado por la mayor cantidad de gente. O, por lo menos, por mis amigos y los de Sebas. Si, se que lo, otro seguramente no lo perdonaría…pero me veo imposibilitado de tirar a la basura toda una vida de amistad. ¡Si hay innumerables anécdotas y experiencias en común! Algunas alegres y otras tristes. Y mis disculpas son también necesarias en pos de la unión de todo el grupo de amigos. Por que sino, en cada futura reunión surgiría el dilema de a cual de ellos invitar. O, en caso de estar los dos presentes, el clima de tensión arruinaría la ocasión. Mientras escribo estas palabras me convenzo que mis disculpas son directamente una obligación. No puedo darme el lujo de seguir a mis emociones en caliente y darle pie al enojo. Yo he perdonado.
Es que seguramente Nacho estará arrepentido. Salvo que su enfado siga encendido, cosa que dudo seriamente, ya que creo no equivocarme al afirmar que se descargó muy bien. El primer golpe, si bien fuerte, no impactó mi rostro con el puño totalmente cerrado (Seguramente no lo tenia premeditado sino que fue un impulso explosivo, valga la redundancia). Por lo que el dolor provocado podría catalogarse como minúsculo. Ya para el segundo golpe, el puño estaba bien cerrado. Además al momento del impacto mantuvo la muñeca totalmente recta formando con el antebrazo un solo segmento rígido. Ahí sí, terminé en el piso, totalmente mareado. Yo por no llevar a mayores la situación me quedé tirado, expectante. De iniciar una pelea ahí si que la amistad iba a ser complicada de remontar. O quizás no respondí por que en mi lugar de amigo, quise ponerme en su cabeza y entender que era solo un ataque que le había agarrado. Por que a cualquiera le puede pasar, ¿quién no tuvo alguna vez una situación que rebasó sus límites, provocando una erupción de ira, seguida por un sentimiento de arrepentimiento, ya tardío? O quizás es que no tuve las agallas para levantarme y pelear.
Como sea, lo recuerdo muy bien. Mientras yo seguía en el piso, lo vi mirarme, primero con bronca, para luego ver una mezcla de tristeza. Y ahí supe que se había dado cuenta de lo que había hecho. Se que pasaron por su cabeza todos los recuerdos de nuestra infancia, de nuestra amistad. Si bien no dijo nada, se que lo pensó. Hizo un movimiento raro con su boca como para decir algo. Yo esperaba un “perdoná…se me cruzaron los cables…”. Pero en realidad no era que iba a decir algo. Antes de darse vuelta para irse para su casa, me lanzó sin ningún estupor uno de los mejores escupitajos que haya visto. Éste impactó de lleno en mi sorprendido rostro.
Pero insisto señores, ahora ya en frío, que en nombre de la amistad lo perdono, y espero de su parte idéntica acción. Espero con ansias el reencuentro con un abrazo y el borrón y cuenta nueva.
Ojo, yo se que me equivoqué. ¡Pero que el esté libre de pecado que arroje la primera piedra! No voy tampoco a justificarme por mis actos, por que comprendo claramente que no hay excusas válidas para mis acciones. Ahora bien, por más grave que pueda considerarse mi error, no me parece ningún delirio esperar un perdón. Si, se que no debí acostarme con su mujer el fin de semana que Nacho estuvo internado luego de la operación. Seguramente el hecho de que yo fuera el testigo de su casamiento es un hecho agravante, pero debería disminuir la pena mi sincero arrepentimiento. En mi defensa, no fue buscada esa noche de pasión; surgió principalmente por que yo me sentía particularmente mal por mi reciente bochazo en la facultad y por parte de ella, había tomado un poco de más. Para lo que seguramente no tenga excusas válidas es para los 6 siguientes encuentros, con Nacho ya recuperado de la intervención quirúrgica. Y en cuanto a las fotos que andan circulando por Internet sobre el tercero de esos encuentros, ya hice múltiples esfuerzos por intentar explicar que mi intención fue enviarlas por mail a mi casilla de correo de yahoo, y por error fue enviado a toda mi lista de contactos.


Aporte de nuestro querido Nollo